Crema de calabacín

Las verduras son sanas y muy beneficiosas para nuestro organismo por lo que es muy conveniente incluirlas en nuestra dieta.

Podemos prepararlas de diferentes maneras, y la crema de calabacín es una de ellas.

 

El calabacín pertenece a la familia de las cucurbitáceas, plantas que se caracterizan por el gran tamaño y la corteza dura de sus frutos. De sabor suave, con alto contenido en fibra y agua y nada de contenido calórico. Nos aportan minerales y oligoelementos, fósforo, potasio, calcio…. ¡qué de cosas!

Los calabacines grandes suelen tener muchas pepitas y la carne poco tierna, por lo que es recomendable escoger calabacines de tamaño mediano o pequeño, sin manchas en la piel y que al tocar resulten firmes. El tono de su piel,  más o menos verde, va a depender de la variedad a la que pertenezca y no afecta a su calidad.

Es una completa y excelente verdura, sanísima y riquísima que no podemos dejar de incluir en nuestra dieta. La mejor forma de aprovechar todos esos beneficios que nos aporta es comiéndolo crudo o al vapor, pero hoy toca inclinarse por una crema de calabacín, caliente, que nos temple el cuerpo en estos días ya frescos.

 

¿Comenzamos?

 

Ingredientes

2 calabacines medianos
2 puerros
2 zanahorias
3 patatas medianas
150 gramos de queso emmetal
Sal
Elaboración

Pelamos las patatas, las zanahorias y los calabacines, lavamos y partimos en trozos.

Pelar los calabacines es opcional, si decidimos no pelarlos debemos esperar un toque más amargo en nuestra crema (yo opto por pelarlos aunque se pierda alguna vitamina).

Lavamos los puerros muy bien bajo el chorro de agua fría del grifo para que suelten toda la arena que puedan traer, y los partimos.

Introducimos en una cazuela todos los ingredientes troceados, los cubrimos con agua y añadimos una pizca de sal.

Ponemos la cazuela a fuego medio y pasados unos 15 minutos añadimos el queso emmental partido. Dejamos la cazuela otros 5 minutos en el fuego para que los pedazos de queso se fundan.

Comprobamos si las verduras están ya cocidas y, si es así, retiramos del fuego. En caso contrario, las dejamos unos minutos más.

Una vez cocidas, trituramos con una batidora todos los ingredientes de nuestra crema.

Un truco para que la consistencia de la crema esté a nuestro gusto es  sacar con un cazo parte del caldo de la cazuela antes de triturar las verdura y, después, poco a poco, ir añadiendo y removiendo, hasta conseguir el espesor deseado.

 

Podemos acompañar esta deliciosa crema con unos trozos pequeños de pan frito que prepararemos cortando un trozo de pan duro en dados pequeños que freiremos en una sartén con aceite caliente. Les damos unas vueltas hasta que se doren y los sacamos a un plato con papel absorbente  para quitarles el exceso de aceite. Los presentaremos en la mesa en un cuenco para que cada uno se sirva.

Ya están listos para acompañar nuestro, plato.

 

¡Buen provecho!

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