Bizcocho de yogur

¿Y si estás sentado en el sofá de tu casa en una de estas frías tarde de invierno y de repente te apetece un trozo de bizcocho con un café bien caliente?

Pues tiene solución. Vamos a preparar un delicioso y esponjoso bizcocho de yogur.

Pero primero, y como curiosidad, decir que la palabra “bizcocho” proviene del latín “bis coctus” (dos veces cocinado). La doble cocción consistía en que una vez horneado el bizcocho, se desmoldaba y se volvía a introducir en el horno durante un tiempo. Así se conseguía que durase más y se conservase mejor. Por este motivo se utilizaba como alimento para los ejércitos y para los largos viajes a través del mar.

Pero….el resultado final no era tan esponjoso como en la actualidad.

 

Y ahora, a por la  receta.

 

Ingredientes.-

  • 1 yogur natural
  • Harina (3 medidas de yogur)
  • Azúcar (2 medidas de yogur)
  • Aceite de oliva (1 medida de yogur) Puedes utilizar aceite de sabor más suave o más fuerte dependiendo si te gusta que se aprecie o no.
  • 3 huevos
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • Mantequilla

Es recomendable que los ingredientes estén a temperatura ambiente para trabajar con ellos.

 

Elaboración.-

Precalentamos el horno a 180 grados mientras elaboramos la masa de nuestro bizcocho.

Como vamos a utilizar el recipiente del yogur como medida, vaciamos su contenido en un cuenco pequeño y reservamos.

En una fuente ponemos el azúcar y los huevos y los batimos hasta mezclarlos. Incorporamos el aceite y el yogur, seguimos batiendo hasta que quede una mezcla sin grumos.

A continuación sumamos a la mezcla la harina y la levadura pasándolas por un colador para que así no aparezcan grumos ni se apelmacen.

Continuamos batiendo todos los ingredientes hasta que queden bien mezclados.

Untamos el molde con mantequilla y espolvoreamos con un poco de harina para evitar que se quede pegado el bizcocho una vez cocido.

Vertemos la masa en el molde y lo introducimos en el horno durante 30 minutos.

Una vez pasado este tiempo, podemos comprobar si está hecho pinchándolo con un tenedor y si sale “limpio” es que ya tenemos listo nuestro bizcocho.

Lo dejamos reposar unos minutos y desmoldamos.

 

Un pequeño truco: para que la corteza del bizcocho nos quede crujiente al terminar de hornearlo, podemos espolvorear la masa con un poco de azúcar antes de introducirla en el horno.

YMI

 

¡Buen provecho¡

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