Hay platos que entran primero por los ojos, y esta crema bicolor es uno de ellos. Dos cremas suaves y sedosas se encuentran en el plato compartiendo textura y protagonismo. En el centro, un crujiente irresistible de jamón serrano, pan tostado y almendra aporta contraste y convierte una crema sencilla en un plato elegante y lleno de matices.
Perfecta como entrante o como cena ligera, esta receta es tan fácil como resultona.
Ingredientes (4 personas)
Para la crema de calabaza, zanahoria y jengibre
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500 g de calabaza pelada
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2 zanahorias medianas
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1 trocito pequeño de jengibre fresco (1–2 cm, al gusto)
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1/2 cebolla
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500–600 ml de caldo de verduras
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Aceite de oliva virgen extra
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Sal y pimienta blanca
Para la crema de calabacín
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2 calabacines medianos
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1/2 cebolla
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500–600 ml de caldo de verduras
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Aceite de oliva virgen extra
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Sal y pimienta blanca
Para el crujiente
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3–4 lonchas de jamón serrano
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1 rebanada de pan (mejor del día anterior)
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Un puñado de almendras crudas o tostadas
Elaboración
1. Crema de calabaza, zanahoria y jengibre
En una cazuela, sofríe la media cebolla picada con un chorrito de aceite hasta que esté transparente. Añade la calabaza y la zanahoria troceadas, junto con el jengibre rallado. Rehoga un par de minutos, cubre con caldo y cocina a fuego medio durante unos 20 minutos, hasta que las verduras estén muy tiernas. Tritura bien hasta obtener una crema muy fina y sedosa. Ajusta de sal y pimienta y reserva caliente.
2. Crema de calabacín
En otra cazuela, repite el proceso: sofríe la media cebolla restante, añade el calabacín troceado (puedes dejar la piel) y cubre con caldo. Cocina unos 15–18 minutos. Tritura cuidadosamente hasta lograr la misma textura y densidad que la crema de calabaza. Este paso es clave para que el emplatado quede perfecto. Ajusta de sal y pimienta.
Truco: Si una crema queda más espesa que la otra, añade un poco de caldo caliente y vuelve a triturar hasta igualarlas.
3. El crujiente
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Tuesta el jamón en el horno o en una sartén sin aceite hasta que esté bien crujiente. Deja enfriar y desmenúzalo.
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Tuesta el pan y córtalo en dados pequeños o tritúralo ligeramente.
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Pica las almendras con cuchillo.
Mezcla todo y reserva.
Emplatado
Sirve las dos cremas ocupando cada una la mitad del plato, con cuidado para que no se mezclen. Puedes ayudarte de un cazo o una jarra pequeña. En el centro, coloca una cucharada generosa del crujiente de jamón, pan y almendra. Finaliza, si te apetece, con un hilo de aceite de oliva virgen extra.
Resultado
Una crema elegante, equilibrada y llena de contrastes: la dulzura de la calabaza y la zanahoria con el toque picante del jengibre, la suavidad vegetal del calabacín y el punto salino y crujiente del topping. Un plato sencillo que parece de restaurante y que demuestra que, a veces, la clave está en los detalles.
Nuestro agradecimiento a Mari Fé Rodríguez por esta deliciosa receta.
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